Nada como el papel
El papel es el mejor aliado de la educación. Sé que en la actualidad decir algo así puede parecer muy anticuado, pero creo de verdad, que para muchas tareas de enseñanza y aprendizaje no hay nada mejor que el papel.
No se trata de que no me gusten las herramientas digitales, que las uso mucho, como prácticamente todo el mundo, pero opino que una hoja y un bolígrafo siguen siendo el binomio perfecto en la educación. En una hoja se pueden tomar apuntes sin depender de que tengas batería o no, se puede hacer y deshacer un problema matemático o un análisis sintáctico de forma más eficaz que en una pantalla, o al menos a mí me lo parece así. Además, no son pocos los estudios que afirman que la escritura a mano potencia la memoria y la creatividad y, por tanto, el proceso de aprendizaje.
Dejar un papel en blanco a una mente en formación es darle una puerta a muchísimas posibilidades, aunque sea la de hacer garabatos para relajarse o no aburrirse.
No estoy en contra de que mis alumnos puedan usar medios digitales para enriquecer sus trabajos, pero desde hace bastante tiempo, les pido que las redacciones o trabajos escritos los realicen a mano y, si es posible, en clase delante de mí. Los dos motivos principales creo que son obvios: en primer lugar así compruebo que alguna parte del trabajo es de su propia cosecha y, en segundo lugar, el hecho de que lo tengan que plasmar a mano les ayuda a memorizar, fijar ideas y sintetizarlas.
Durante el transcurso del curso pasado se me ocurrió una idea diferente para un trabajo de mis alumnos de Literatura Universal de 1º de bachillerato, cansada de leer documentos muy parecidos entre o con un lenguaje que no cuadraba con el que usan mis alumnos habitualmente, les propuse hacer un trabajo sin usar ninguno dispositivo electrónico: solo con libros de nuestra biblioteca y con su libro de texto.
Fue una experiencia interesante y con la que pude apreciar la diversidad lectora de mis alumnos. El trabajo era sencillo: consistía en elegir uno de los autores que estamos tratando, la novela europea del siglo XX, y buscar alguna obra suya en la biblioteca. Dado que eran todos autores muy destacados, habría varios ejemplares de cada uno de ellos en nuestras estanterías, unas estanterías que para muchos de ellos suelen pasar inadvertidas. Pero no todo era tan terrible, he de decir que varios de ellos sí que se movían con soltura entre novelas y antologías (no todo está perdido, profesores de literatura).
Una vez encontradas las novelas del autor, tenían que escribir una pequeña biografía de este y contar brevemente el argumento y las características de las obras en cuestión. Aquí vinieron los primeros problemas: “¿Cómo escribo la biografía sin internet?”, “¿Vamos a la sala de ordenadores?”, “¿Me dejas usar el móvil?”. Solo podían usar la información que venía en la propia novela a un su libro de texto, que ya es bastante para un trabajo no universitario, y, poco a poco y a pesar de la resistencia, fueron pasando por el aro. Después llegó el momento de escribir algo sobre la obra y surgieron las preguntas como “¿me la tengo que leer entera?”, ante la que una alumna aventajada contestó: “lee la sinopsis”, “¿Y eso qué es?”.
Entre preguntas y preguntas, al final me contaron bastantes datos interesantes sin necesidad de usar internet y, como docente, me quedé bastante satisfecha con el resultado. No se necesitan grandes medios para enseñar cosas importantes y creo que saber sacar información de cualquier formato escrito es una de ellas.
Aunque la tecnología esté presente en muchas facetas de nuestras vidas, la mayoría de los exámenes importantes se realizan todavía en papel y vemos que cada vez la calidad de la redacción de los estudiantes es peor. Es contraproducente no invitarles a entrenar más su habilidad escritora.
Insisto, no estoy en contra de usar la tecnología en la formación, pero tenemos que darnos cuenta de que nuestros jóvenes viven tan expuestos a ella que muchas veces carecen de habilidades que para nosotros eran básicas. No podemos dejar que dependan tanto de ellas, tenemos que enseñarles a leer, a buscar información en un periódico o en un mapa físico, porque, esperemos que no pase mucho, pero en cualquier momento puede haber otro apagón, o simplemente pueden perder el móvil o que se les quede sin batería y van a tener que mirar al mundo y a sus carteles y a sus libros de instrucciones, cuanto más entrenados estén para hacer una lectura comprensivo mejor será. ¿No creéis?
En definitiva, este texto pretende ser una llamada de atención a todos los que somos responsables de la educación de los jóvenes: papel, boli y más papel, después vendrán más cosas, pero primero esto.
Autora
Miriam Morell
Miriam Morell fue profesora del colegio Nuevo Velázquez entre 2023 y 2025. Actualmente imparte clase en un IES de la Comunidad de Madrid.
Totalmente de acuerdo. Las nuevas tecnologías facilitan mucho la tarea pero es esencial enseñar a que manejen libros de texto, que escriban a mano, que sean capaces de extraer la información necesaria, etc. En conclusión, para mi el uso del papel es sinónimo de potenciar muchas habilidades, destrezas y capacidades así como de entrenar al cerebro para el futuro. Que gusto leerte Miriam, se te echa de menos por los pasillos del Nuevo Velázquez. Un abrazo.
¡Muchas gracias por tu comentario, Nacho! ¡Fuerte abrazo!
Gracias, Nacho.
Yo también os echo de menos.
Cuanta razón tienes Míriam. Que aburrido parece un bolígrafo y un papel en blanco y sin embargo que reto más grande para la imaginación.
Un abrazo Miriam
¡Muchas gracias por tu comentario, Javier! ¡Fuerte abrazo!
Muchas gracias, Javier. Siempre es un placer recibir tu opinión. Un abrazo.
No puedo estar más de acuerdo, Miriam. Un fuerte abrazo y muchas gracias por tu artículo en «El blog del Nuevo Velázquez».
Totalmente de acuerdo, Miriam. Buscar información en libros es más entretenido y un folio en blanco es una ventana para la imaginación. Gracias por tu artículo.
¡Completamente de acuerdo! Muchas gracias por participar en «El blog del Nuevo Velázquez».
Gracias a ti por comentario, Pilar.
Un saludo.
Gracias, Carlos. Siempre ha sido un placer compartir mis reflexiones sobre la educación con la comunidad educativa del Velázquez. ¡Nos seguimos leyendo!
Gracias a ti por comentario, Pilar.
Un saludo.
Buen artículo, Miriam. Yo, aunque use mucho las pantallas, sea móvil, ordenador o tablet, escribo a mano aún. Además, escribir a mano en papel es bueno para ejercitar el cerebro.
Está genial, Rubén. Yo también uso mucho las pantallas, pero cuando quiero aclarar bien mis ideas, lo que más me ayude es el papel y boli.
Tienes toda la razón, Rubén. Un fuerte abrazo.